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Reflexión

5 pasos importantes para confortar al triste

Veamos las actitudes de Jesús para así imitarlas

Una de las obras de misericordia espirituales es la de consolar al triste. Para el cristiano es algo que nace del mismo núcleo de su fe. Como nos lo recuerda el testimonio de San Pablo:

“Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.” (1 Cor 1, 3-4)

Desde esta perspectiva del consuelo, en las líneas que siguen no hablaremos en profundidad de la tristeza en sí, ni sobre los remedios que quienes la padecen pueden aplicar. Nos detendremos en lo que “yo” puedo hacer para confortar a “otro” que está triste, como una manera de hacer realidad el mandamiento de Jesús: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39).

Veamos las actitudes de Jesús para así imitarlas.

 1.- Ante todo, cercanía.

Hay quienes le dicen a un triste: “si me hubieras dicho algo, hubiera estado al instante contigo”. Por eso la primera actitud que tiene Jesús es muy importante en este proceso del consolar: “se acercó y caminó con ellos”. La tristeza tiende a inmovilizarnos. Por eso es raro que el triste pida ayuda o simplemente se acerque al otro para conseguirla. Jesús es quién toma la iniciativa de acercarse, de simplemente estar junto.

Consejo útil: Da el primer paso en la situación.

2.- La capacidad de empatía

La segunda tentación que tenemos es la de decirle de inmediato muchas palabras de aliento al que está triste. La mayoría de ellas son frases hechas. Generalmente el triste nos escucha con amabilidad y se aleja con prontitud.

Jesús nos enseña la actitud fundamental: la de la escucha atenta al otro. A veces lo único necesario para que el otro venza la tristeza es simplemente que encuentre un oído disponible frente al cual verbalizar lo que le está pasando.

Deje que se exprese a través de las palabras o los gestos (el llanto, por ejemplo). Ahora bien, tengamos en cuenta que no es empatía escucharlo y luego contarle las cosas similares que nos han pasado a nosotros, en ese momento a él no le interesa en absoluto mi vivencia personal. Es más, le molesta porque se percibe que en vez de escuchar, el consolador se pone en el lugar del consolado reclamándole una especie de comprensión por “sus” problemas que han sido mayores.

Consejo útil: La empatía es la capacidad de percibir lo que el otro está pasando.

3.- Abrir a la realidad más grande

También es necesario hablar para ubicar a la persona en la dimensión exacta del mal que lo aqueja. Jesús, luego de escuchar atentamente, les “ubica” su tristeza dentro de una realidad que le daba contexto. Aquí, recién, si son necesarias las palabras, las enseñanzas, las experiencias propias o ajenas.

Consejo útil: A veces no basta con estar y escuchar.

4.- Sembrar esperanza

Así como la tristeza nos inmoviliza, otra emoción nos pone en movimiento: la esperanza. La esperanza, humanamente hablando, significa descubrir que hay razones o situaciones que hacen posible que estemos bien.

Jesús, luego de acompañarlos, les mostró una nueva presencia en el pan partido. Por eso dejaron de llorar por la ilusión perdida que les había dejado el que había “muerto”. Cuando se percibe que la resurrección es real, toda tristeza (sobre todo la del mundo, como diría San Pablo) es dejada a un lado.

Consejo útil: La esperanza es ponerse en marcha.

 5.- Dejar que el otro obre por sí mismo

La tristeza es una emoción personal que afecta al individuo concreto. Nadie puede vivir por nosotros. Nadie nos saca de la tristeza o nos pone alegres. Somos nosotros los que, en definitiva, asumimos nuestras realidades y encauzamos nuestros sentimientos.

Jesús hizo de acompañante espiritual con estos dos discípulos tristes. Pero, al final del proceso, fueron ellos quienes decidieron ponerse en camino y lo hicieron solos.

Consejo útil: Quien quiere consolar a un triste tiene que revestirse de la humildad de saberse instrumento limitado y desechable: el otro es el importante, el único actor de su vida, el verdadero autor del cambio. Asumir esto es vivir en verdad el amor al prójimo.

Dios Rico    Autor: Hno. Enrique Alban

Conductor del programa: Dios Rico en Misericordia (lunes a viernes 17h00).